Babel
Lunes, 26 de Febrero de 2007El sábado fui a ver “Babel”, película que no te deja indiferente y en la que se relacionan historias, muy diferentes entre sí pero que tienen como denominador común el drama humano en contextos geográficos y sociales muy distintos.
Al salir no pude evitar pensar en como nuestras acciones u omisiones pueden ocasionar consecuencias muy lejos de donde nos encontramos; y me acordé del sr. Aznar y su foto en las Azores. Para justificar su apoyo a una guerra inmoral, ilegal e injusta nos pidió a todos los españoles que le creyéramos, que confiásemos que en Irak había armas de destrucción masiva. La decisión que se plasmó con esa imagen, en una tranquila isla del Atlántico, ha traido trágicas consecuencias en diferentes lugares y ha unido a muchos seres humanos en el dolor por un drama compartido y que siempre estuvo basado en mentiras.
El otro día pudimos escuchar al sr. Aznar en tono jocoso, y que asombrosamente provocó una carcajada en el auditorio de Pozuelo, que ahora ya sabe que no hay armas de destrucción masiva en Irak, tuvo que ser en nuestro municipio donde viniera a reconocer la mentira en la que se basó para meter a España en una guerra que todavía hoy provoca cientos de muertos a diario.
Con esa confesión pública del sr. Aznar, acompañado de su amigo Pedro J. Ramírez y del Alcalde de Pozuelo, el sr. Sepúlveda, ha unido el nombre de nuestra ciudad, aunque sea de forma colateral, al drama humano que supone cualquier guerra. Ha tenido que ser en Pozuelo donde el sr. Aznar se ha reído, una vez más, de todos los españoles, jactándose de que ahora, ya sabe que no hay armas de destrucción masiva. En las fotos los tres se ríen mucho, y yo me pregunto lo que todos nos preguntamos, ¿De qué?.
Yo hubiera preferido que el nombre de nuestra ciudad se hiciera más famoso por su aportación en favor de la Paz y no por ser el escenario del reconocimiento de una mentira colosal, que el sr. Aznar debería haber reconocido hace mucho tiempo, de la que ni siquiera se molestó en pedirnos disculpas y de la que me temo nunca las pedirá.
